Ciudad de México.— El Tren Transístmico, considerado un proyecto estratégico de la administración anterior, enfrenta dificultades financieras y de operación a casi seis años de obras. Con ingresos limitados y una afluencia de pasajeros menor a la esperada, la paraestatal Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec (FIT) depende de millonarias transferencias federales para mantenerse en marcha.
De enero de 2024 a junio de 2025, FIT reportó ingresos propios por 239.8 millones de pesos, frente a gastos que superaron los mil 290 millones. Tan solo en nómina, la empresa destinó 400 millones de pesos, superando lo recaudado por venta de boletos y servicios de carga.
El tren de pasajeros, inaugurado en diciembre de 2023 en la Línea Z —que conecta Medias Aguas, Veracruz, con Salina Cruz, Oaxaca—, ha transportado 108 mil usuarios en más de un año, con ingresos por 22.2 millones de pesos. La cifra está lejos de los 3 mil pasajeros diarios proyectados originalmente; en la práctica, apenas mueve unos 200 al día.
Para sostener el proyecto, el Gobierno federal ha destinado 46 mil 443 millones de pesos desde 2019, de los cuales más de 38 mil millones se transfirieron en los últimos 18 meses. FIT estima que las obras de las tres líneas —Z, FA y K— requerirán en total 133 mil millones de pesos, con plazos de conclusión previstos hasta 2026.
Aunque la empresa confía en que el aumento de carga, especialmente de hidrocarburos y productos industriales, ayudará a mejorar los números, especialistas reconocen que el reto principal está en alcanzar el equilibrio financiero. En su último pronóstico, FIT estimó que podría lograrse hasta 2027.
Los testimonios de pasajeros reflejan un servicio con altibajos: trayectos con baja ocupación, fallas en aire acondicionado y limitadas opciones de alimentos, pero también experiencias positivas por los paisajes y la seguridad ofrecida en el recorrido.
Mientras tanto, los nueve polos de desarrollo industrial anunciados como parte integral del Corredor Interoceánico aún no se han materializado, lo que mantiene en duda el impacto económico prometido.
Al igual que con el Tren Maya, otro de los megaproyectos del sexenio pasado, el gobierno actual apuesta a que el verdadero impulso vendrá del transporte de carga, aunque el tiempo corre y las cifras de operación todavía no respaldan esa expectativa.